Médico fue secuestrado en zona rural de Pitalito; delincuentes pedían $100 millones por el rescate

En el Valle de Laboyos, el ejercicio profesional de la medicina independiente se está transformado en un oficio de alto riesgo. Lo que parecía ser una jornada laboral cotidiana finalizó en un violento secuestro extorsivo en La Laguna, donde las cuerdas, la intimidación con armas de fuego y la indiferencia institucional postergaron la pesadilla de una víctima que logró burlar a sus captores, pero no, según él, al desamparo del Estado.
Se trata del médico general Juan Pablo Crawford Torres, profesional vinculado a la región desde 2015 con trayectoria laboral en el Hospital Departamental San Antonio, la E.S.E. Manuel Castro Tovar y el Hospital San Antonio de Tarquí entre otras entidades de la región, en la actualidad atiende habitualmente a sus pacientes de forma privada.
La tarde del pasado 13 de julio recibió una oferta de trabajo vía WhatsApp, donde una supuesta empresa llamada «Maxibienes» lo citó para practicar exámenes médicos generales a por lo menos 14 obreros de una construcción en cercanías a La Laguna.
“No sospeché que se trataría de un secuestro, ya que soy médico independiente y promuevo mi portafolio constantemente. No pensé que me iban a secuestrar”, relató el médico.
Al día siguiente, a las 9:00 de la mañana, Crawford acudió a la cita guiado por las coordenadas en tiempo real enviadas a su celular. Por prevención rutinaria, antes de partir, compartió su ubicación exacta con su esposa. Al arribar al punto señalado, un desconocido lo condujo a pie hacia una zona boscosa. Momentos después, un segundo sujeto armado interrumpió el paso, se identificó como integrante de la Segunda Marquetalia de las disidencias de las FARC y exigió 100 millones de pesos por su liberación.
Entre cuerdas y el filo de una llave
Los delincuentes internaron al profesional varios metros dentro del monte, lo despojaron de sus pertenencias y elementos digitales y lo ataron firmemente a un árbol. Durante seis horas, entre las 9:00 a. m. y las 3:00 p. m., Crawford permaneció privado de la libertad mientras sus captores iniciaban las llamadas extorsivas a su madre y a su esposa, enviando fotografías del médico atado para probar la efectividad del secuestro.
Lo que los atacantes ignoraban era que la esposa de la víctima es integrante activa de la Policía de Tránsito y Transporte. Esta coincidencia activó un despliegue de búsqueda de sus compañeros de unidad en las trochas del sector rural.
Maniatado en la soledad del paraje, la angustia del médico dio paso al instinto de supervivencia. Al percibir que los captores se replegaban hacia el norte, utilizó a tientas la llave de su motocicleta —guardada en el bolsillo de su pantalón— para desgastar las cuerdas que apretaban sus muñecas. Tras casi una hora de fricción constante, rompió el amarre y emprendió la huida por la misma ruta de ingreso hasta salir a una vía destapada, donde se encontró con los efectivos de Tránsito que le seguían el rastro.
La revictimización tras la libertad
Pese a que la denuncia formal se radicó ante el GAULA y la Fiscalía Especializada de Neiva, y a que ante Medicina Legal se solicitó la certificación las laceraciones en las extremidades del profesional, la respuesta investigativa encendió la indignación de la víctima.
El dictamen institucional tendió a desestimar la gravedad del hecho presencial, sugiriendo que se trataba de una simulación o una modalidad de extorsión carcelaria virtual, una lectura que el médico califica como una afrenta a su testimonio y a la evidencia física.
“Siento que el Gaula no hizo lo que tenía que hacer y me siento revictimizado; han minimizado mi situación, al punto de que insinuaron que se trataba de un hecho psicológico cuando fue real”, afirma el médico evidentemente frustrado por esa situación quien señaló que los captores no lograron ser detenidos.
“Yo le agradezco a la policía de Tránsito y Transporte donde trabaja mi esposa por haberme ayudado, porque de ser por el Gaula darían por hecho que se trataba de esas situaciones comunes donde desde las cárceles meten terror a las personas”, afirmó.
Pitalito bajo el yugo de la violencia y el miedo
El calvario del médico Crawford no es un hecho aislado; es el síntoma de una crisis de seguridad estructural que atenaza al segundo municipio más importante del Huila.
Durante lo transcurrido de este 2026, Pitalito registra una alarmante escalada en los indicadores de violencia, con decenas de muertes violentas que ubican a la localidad entre las más afectadas del departamento.
A la sombra de los homicidios que sacuden a diario las zonas urbana y rural, la ciudadanía convive con una asfixiante ola de atracos muchos de ellos cometidos a plena luz del día en corredores comerciales y sectores residenciales los cuales, quedan registrados en las propias cámaras de seguridad que, por iniciativa propia, la ciudadanía ha ubicado en las afueras de sus viviendas y negocios.
Hoy, Crawford mientras se recupera emocionalmente de lo ocurrido, atiende en su consultorio con el peso de las cicatrices en las muñecas y la desazón de un sistema que puso en duda su calvario y su versión de lo ocurrido. Su caso expone la vulnerabilidad de una comunidad acorralada y deja al descubierto la grieta de una ruta de atención oficial que, ante la desidia institucional, prefiere invisibilizar los delitos antes que enfrentarlos.
