AFROCOLOMBIA según Alexis Play: la historia de una nación en un álbum

El crítico cultural Ángel Perea hurgó en la historia de la riqueza musical de la nación afrocolombiana a través de la particular visión del quibdoseño Alexis Play en su nuevo álbum, AFROCOLOMBIA. Bienvenidos a este viaje por la chirimía beat, el ritmo exótico y los afrobeats locales con crítica social.

La música afrocolombiana es vigorosa y, aunque todavía vive sometida a presiones históricas, su acento particular en estas épocas de múltiples e ineludibles influencias define, con intensa energía, a esa “nación de naciones” que es Colombia en su diversidad.

Desde el magma de su conformación como una muy singular forma de cultura colombiana, es un artefacto de representación de voluntad, de resistencia e impugnación del oscurantismo de tiempos adversos. La música afrocolombiana está dotada de fuerzas que se impulsan por sonidos poderosos hechos de constantes e interminables mezclas.

En una difícil coyuntura histórica que ha empujado al país hacia sus límites con profundos y dolorosos cambios, algunas de las corrientes musicales populares de origen o matriz afro despliegan un renovado poder de seducción, encantan a su público local y conquistan audiencias en lejanas esquinas del planeta. Lo hacen en un clima de vertiginosas evoluciones mundiales y voces que se expresan dentro de poderosas instituciones tecnológicas, industriales e ideológicas; en medio, además, del movimiento migratorio global de sonidos más voluminoso jamás visto y oído en la historia de la música.

La música afro se convirtió en el tipo dominante de música nacional cuando la nación se convertía en un país de ciudades: fue un hito en medio de la modernización y el desarrollo de los medios de comunicación. Su persistente búsqueda de señales de independencia y una afanosa intención de encontrar un lugar y una manera de ser dentro de la caleidoscópica aldea planetaria fue la única forma de sostener una identidad. Expresó las propuestas artísticas más relevantes, lejos de la estéril práctica derivativa de géneros establecidos en la corriente dominante, mientras ofreció una “dúctil” resistencia para garantizar la supervivencia de la propia cultura, asediada por los fantasmas de la absorción y la nada. La música afro es el signo de los tiempos.

Las aventuras sónicas emprendidas por una pequeña tropa de músicos afrocolombianos recurren hoy a métodos donados por su exposición a los géneros “dominantes”. Pero, contrario a lo que se percibe en el centro del país, el sonido afro es el que define el panorama: el rap, reggae, salsa, funk, jazz y estilos de las músicas pop africanas como los afrobeats de Nigeria y otras gamas de posibilidades brindadas en particular por novedosas fuentes sonoras electrónicas desarrolladas en el Caribe.

Aquello que le da verdadero sabor a la base del cocido es la combinación con el condimento. Esa base son los atávicos ritmos colombianos cultivados en la marea de su vívido mestizaje, melodías protegidas ancestralmente en las costas, sabanas, manglares, esteros, valles y laderas en los ignotos parajes exuberantes del Pacífico: aguabajos, jugas, currulaos, bundes, contradanzas, o en el Caribe; cumbias, porros, bullerengues, merecumbés, chalupas o champeta.

Tal paleta sonora ha resultado en sonidos que desafían las presunciones de una audiencia casi siempre amañada en los géneros impuestos por la industria discográfica, a la vez que llaman su atención sobre la renovación de las políticas de promoción de actos grabados en un ambiente de tradición conservadora.

La historia de Alexis Play

Alexis Play es el nombre artístico de Ángel Alexis Ríos Valencia, un quibdoseño nacido a mediados de los 80, justo durante el estallido de movimientos culturales y musicales afroamericanos, afrocaribes y africanos que detonaron el sonido mundial de finales del siglo 20 e inicios del 21. Hoy es una de las figuras emblemáticas de una generación que recibió la nobleza de los aportes que la música y los músicos chocoanos legaron a la cultura popular colombiana y latinoamericana en los 80 y 90.

Alexis creció en la plena ebullición musical. Una época en la que emergieron leyendas modernas del Chocó como el Grupo Niche o La Contundencia. Creció oyendo los rasgos de las maestras como Zully Murillo o el maestro clarinetista Mario Becerra, para solo citar apenas algunos de una verdadera pléyade.

Comenzó el desarrollo de su vocación creativa desde muy temprano. A los 14 años hacía olas en Quibdó. Pronto la llave de su destino abrió una puerta de dimensiones insospechadas, cuando junto a Tostao, Goyo y Slow fundaron la banda ChocQuibTown, con la que se trasladó a Bogotá.

ChocQuibTown es, a la postre, una de las agrupaciones más influyentes en el nacimiento de lo que críticos y comentaristas del centro del país han llamado Nuevas músicas colombianas, una Nueva ola de los sonidos de las grandes urbes, inspirados por la revaloración de la rica tradición de las músicas del país.

Entrados los 2000, Alexis Play inició su aventura en solitario como escritor de canciones, beatmaker, compositor musical y productor, bien aplicado en la comprensión y redefinición de la estética del hip hop, que no se ajustó nunca a los modos y maneras que la cultura juvenil establecía en ciudades del interior.

El hip hop de Alexis Play es una recreación propia, llena de referencias geográficas, aunque sin la intención derivativa o de fiel reproducción de los estilos de rap al uso. Así hizo música hasta convertirse en un genuino “MC” de estilo singular, sin duda, en uno de los ases del rap en español.

La filosofía creativa de Alexis Play aplica lo que alguna vez la indeleble Yoko Ono apuntó como horizonte para los artistas en cualquier latitud: “piensa local y actúa global”. Actitud que se trasluce en ‘Como debe ser’ (EP 2013), ‘Lírica Satírica’ (2016), ‘Llegó la lírica’ (2019) y ‘Rebulú’ (2020), los tres primeros discos de su producción solista.

Dotado de una capacidad como narrador de historias que yo diría es muy chocoana, sus canciones, metidas en combinaciones de elegantes ritmos electrónicos y acústicos, se desplazan orgánicamente de la pista de baile hasta agudos tonos de comentario social.

Como un fino MC, sus narraciones son envolventes y sugerentes historias que transportan en sí mismas la gran historia de las músicas del Pacífico que se hermanan con las tradiciones de las músicas de la diáspora africana, historiando a la vez fragmentos críticos contemporáneos. Alexis Play, que además hace parte de la formación de la Pacifican Power, banda de elenco estelar de jóvenes músicos de la región, se refiere a rituales y figuras de la cultura afro, o prieta, como se dice en el argot.

Como para todos los artistas inscritos en el rap, su lenguaje es elaborado. Todas las imágenes, sonidos, ideas e íconos son materia de recontextualización y se presentan como oportunidades para el sarcasmo, a veces para el remedo y siempre para la celebración.

Esa actitud creativa se extiende a las colaboraciones y contribuciones que Alexis Play ha hecho en proyectos de artistas como Esteban Copete y Nidia Góngora en ‘Prietitud’; Hendrix B., Nidia Góngora y el legendario Junior Jein para la música del video dirigido por el destacado cineasta afro Johnny Hendrix ‘¿Quién los mató?’. Una pieza detonante que queda clásica del repertorio de los artistas del Pacífico de la presente generación como una profunda, conmovedora reflexión de comentario social; ‘Ritmo violento’ y ‘Somos los prietos’, con ChocQuibTown, o ‘Natural’ con Junior Zamora.

La AFROCOLOMBIA de Alexis Play

En su nuevo álbum, ‘Afrocolombia’, Alexis Play despliega una paleta sonora y lírica que observa las magnitudes de los legados culturales inmersos en la música afrocolombiana. Contiene diversos homenajes a figuras míticas, legendarias e históricas como el gran músico, poeta y pensador estético chocoano Alfonso Córdoba “El brujo”. Su observación sobre las vocaciones de innovación en la creación sonora está implícita en el fondo de la cultura afro.

Alexis explora los ritmos de su creación como la Chirimía Beat, o los producidos por los artistas jóvenes de la región, muchos de ellos sus propios pupilos en talleres y cursos de educación artística musical, como el Bunde Trap o el Ritmo Exótico, genuinamente chocoanos y quibdoseños.

Para ello se rodea de un elenco de creadores emblemáticos de estos movimientos: Los Dioses del ritmo, Johan PJ & Yassir Parra, Lean Persy & Sowl, Maikcel & Karin B, Bomby, Heriberto Bonilla, Junior Zamora y Espiral 7. En la producción y grabación lo acompañan Christian Salgado, Harlinson Lozano, Ventura Mix, Ksper Dj, Dj Ses y Kevin Vega.

El apetito por las músicas afrocolombianas en el país no presenta signos de abatimiento, estas constituyen un insumo de capital importancia en la cultura local; el cómo se incorporan a la corriente principal, por quiénes y con qué propósito, es motivo de otra conversación. Estas músicas, sus ejecutantes y creadores no son historias individuales.

La característica de esta cultura sonora es el diálogo consigo misma, con la vista y la atención puesta en lo que sucede en el entorno, incluso con lo tenso en la historia social que desafortunadamente no se queda solo en el pasado.

Resalta el esfuerzo concertado de los artistas para comprender la nación de la que se origina. Afrocolombia es, en sí misma, una pequeña nación empujada por contradicciones en apariencia irresolubles, y sus músicos parecen estar empeñados en una difícil tarea: hacer música para descubrir la verdad de quiénes somos dentro de la idea más grande, integral y general de nación.

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